En su libro más reciente, intitulado “Autoritarismo, mitos y daños (Crítica al Gobierno y al Magisterio)”, el sociólogo y periodista oaxaqueño Cuauhtémoc Blas es concluyente:
En campaña, tanto los candidatos a diputados locales como a gobernador por la “Coalición por la paz y el progreso”; es decir, del PT, PAN, PRD y Convergencia, machacaban el tema de la transparencia.
Decía un santo, el más letrado quizá, San Agustín, que quien habla se compromete. Pero además, si lo que se habla se escribe y peor aún --o mejor, según sea el caso-- se firma, el compromiso es muchísimo mayor.
En campaña, el equipo que gobierna desde ayer el estado distribuyó una serie de frases ingeniosas y contundentes que invitaban a deshacerse de 80 años de priismo.
Todo Tuxtepec se enteró, con horror, el 24 de marzo pasado de la masacre de al menos 12 personas en pleno centro de la ciudad. La respuesta colectiva fue el miedo, la psicosis. 12 muertos en un sólo evento son sin duda una cifra escalofriante.
Ahora que se está a punto de estrenar autoridades municipales y estatales y consecuentemente también a punto de desechar a las todavía vigentes, uno no puede dejar de reflexionar sobre una realidad que es casi ya un uso y costumbre en nuestro estado: la herencia de obras inconclusas, elefantes blancos y el saqueo de fin de administración.
La impartición de justicia laboral es uno de los grandes pendientes del gobierno mexicano, del oaxaqueño en particular y una agravante para quienes vivimos, ya seamos trabajadores o patrones, al extremo norte del estado de Oaxaca.